Los bosques centenarios, específicamente, son un patrimonio natural único y muy escaso que se encuentra en peligro de desaparecer. Entre otros: su estructura más compleja, la extraordinaria riqueza biológica y de microclimas, y una mayor humedad y menor temperatura, les confiere una mayor resiliencia a efectos del cambio climático. También regulan el régimen hídrico: funcionan como grandes esponjas que facilitan la infiltración del agua y la recarga de los acuíferos, evitando también avenidas e inundaciones. Así, con todo, son más resistentes frente a fenómenos meteorológicos extremos y frente a incendios forestales. De esta forma, su conservación se convierte en una política esencial en la lucha contra la emergencia climática y la adaptación al cambio climático.
Estos bosques centenarios, como “núcleo antiguo” de los bosques, deben formar parte de un mosaico silvopastoral diverso y multifuncional.
Como proyecto demostrativo, en esta campaña se trabaja para mejorar la resiliencia de los bosques frente a fenómenos extremos derivados del cambio climático (como las otras temperaturas y la menor pluviometría), y sus consecuencias (los incendios forestales y las sequías). Esto se conseguirá gracias a la aplicación de dos medidas para configurar un mosaico forestal más diverso y resistente: (1) la recuperación de espacios abiertos y (2) la preservación de los bosques más maduros de la región.